
El cuerpo de la lengua
Referència 1597435.75
Cuando el lenguaje ya no es el signo de un concepto, sino un cuerpo que se puede ver, oír, tocar. Un cuerpo como el de los gigantes, obscenos y vulgares.
Los gigantes aparecen en la literatura europea entre finales del siglo xv y mediados del xvi. La inmensidad de sus cuerpos se corresponde con la de su lenguaje. El de Pantagruel es tan inmenso como su cuerpo, e igualmente exorbitante es el macarrónico del poema de Teófilo Folengo.
Para ambos, el lenguaje ya no es el signo de un concepto de la mente: es un cuerpo que se puede ver, oír y tocar: un cuerpo fuera de cualquier identidad gramatical o léxico definido.
Para ambos, el lenguaje ya no es, según una doctrina rancia pero todavía dominante, el signo de un concepto del espíritu: es ante todo un cuerpo, que se puede ver, oír, tocar, un cuerpo como el de los gigantes, con su fisiología obscena y su anatomía aún más vulgar.
Los gigantes aparecen en la literatura europea entre finales del siglo xv y mediados del xvi. La inmensidad de sus cuerpos se corresponde con la de su lenguaje. El de Pantagruel es tan inmenso como su cuerpo, e igualmente exorbitante es el macarrónico del poema de Teófilo Folengo.
Para ambos, el lenguaje ya no es el signo de un concepto de la mente: es un cuerpo que se puede ver, oír y tocar: un cuerpo fuera de cualquier identidad gramatical o léxico definido.
Para ambos, el lenguaje ya no es, según una doctrina rancia pero todavía dominante, el signo de un concepto del espíritu: es ante todo un cuerpo, que se puede ver, oír, tocar, un cuerpo como el de los gigantes, con su fisiología obscena y su anatomía aún más vulgar.
